jueves, 28 de diciembre de 2017

Doce uvas

“En la puerta del Sol como el año que fue… Otra vez el champán y las uvas y el alquitrán…”

Nuevamente inmersos en la preparación y en la bulla que traen consigo estos días que hasta el que menos se ve afectado por el ímpetu y la marea contagiosa de espíritu festivo por despedir otro año y recibir al nuevo que nos acompañará durante los próximos doce meses.

Rituales, cenas, copas, que si las uvas con semilla, sin ella… que mejor no, dudas, trifulcas festivas, todo ello año a año parece no haber perdido ni un ápice de su “encanto”, que para muchos lo tiene, y en parte lo tiene si rescatamos la esencia de poder decir: Vencí la crisis, las incertidumbres, los retos diarios, tengo salud, muchos lucharon y pelearon por volver a recuperar la salud que hoy celebran, ¡claro que sí! Por esto y  por todo lo demás debemos dar gracias. Retos cumplidos, el tan ansiado trabajo, el libro escrito, el reencuentro familiar tan esperado, el recién nacido que llegó por fin a los brazos de sus padres, los exámenes superados, los amigos recuperados, y los que no lo eran, también demos gracias por ello.

Aún nos queda mucho por andar, lo importante es no aflojar, lo bueno se hace de rogar. Hay que atarse bien los cordones, para llevarlos sujetos todo el camino. Es en estas fechas cuando muchos reflexionamos de lo caminado, miramos por un momento atrás y es cuando te das cuenta que fuimos capaces de más de lo esperado. Y que no hay camino difícil, solo aquel que no se transita. Cálzate unas buenas botas y a volar, como diría mi abuela. A comerse el mundo, porque vida solo hay una, y si la vivimos bien es suficiente y maravillosa. ¡Feliz año para todos!



viernes, 8 de diciembre de 2017

Balance de vida

Un año más que termina. Hacemos balance “de lo bueno y de lo malo”, como reza aquella canción de Mecano. Gente que va, gente que viene. Y así la vida sigue y seguirá en su vorágine, aquella que no espera, que no se distrae, que no parpadea, ni siquiera tan solo un instante para darse cuenta que todo sigue en el fondo igual. Y tenemos dos opciones. Seguirla e imprimirnos en su fugaz recorrido, o salir y quedarnos impávidos y ver como pasa arrastrando lo que encuentra a su paso.

Y es, en ese viaje que se convierte la vida, cuando subimos todos al tren. Algunos empiezan el viaje contigo, otros se suben a mitad del camino, muchos se bajan antes de que llegues al final de tu viaje y muy pocos permanecen contigo hasta el final. Pero cada una de esas personas dejan algo en tu corazón que recordarás a lo largo de este único viaje por la vida. Disfruta del viaje, ya que nunca sabemos cuándo llegarás a tu parada.

No esperes que nadie entienda tu viaje, más aún si no han recorrido tu trayecto. Hay momentos concretos en los que entendemos y momentos en los que simplemente debemos confiar y aceptar que todo ocurre simplemente por alguna razón. Recuerda siempre, que la mejor porción de lo vivido estará compuesta por aquellos pequeños momentos sin nombre en los que sonreíste con alguien especial para ti.

Justo cuando crees tener todo organizado, el destino te lanza algo inesperado. Así que tienes que improvisar. Acabas encontrando la felicidad en lugares que jamás te habrías imaginado y te encuentras volviendo a los sitios que más nos importan. Es curioso eso del destino, siempre acaba hallando la forma de que acabemos justo donde más pertenecemos. Caprichoso.
Gracias por haberte montado en algún momento en el tren de mi vida y haberlo hecho especial.