sábado, 31 de marzo de 2018

Nuestro tren



¿Te animas a subirte al tren y conducirlo hasta que te apetezca parar? Que no quede parada, estación, rumbo del que te quedes con las ganas de conocer y adentrarse. Más vale quedarse con exceso de kilómetros en tu pasaporte de vida, más  no quedarte con esa sensación de no haberlo intentado. 

Habrás podido comprobar en muchas ocasiones que cuanto más planificamos algo y más nos empeñamos por hacerlo bien, por y para impresionar/nos, no siempre alcanzamos el nivel de expectativas esperado. Sin embargo, cuando emprendemos la aventura con ese pellizco en el estómago, con el vértigo de no saber a qué nos enfrentamos, el resultado como poco es mágico y nos queda esa sensación tan placentera y deseando poner en marcha el tren.

El viaje emprendido debe ser ansiado, con deseo y pasión. Jamás hacerlo por quedar bien con alguien, o por imposición. A lo largo de todos estos años he comprobado que en la vida aunque haya normas y protocolos varios, al final de nuestros días, nadie nos va a pedir cuentas por ello y tampoco nos van a juzgar por no haberlas “cumplido”. Por eso debes guiarte por los impulsos de tu corazón, por la intuición, con algo de razón en ciertos casos… pero no en todos. Dale al motor, que el aire te despeine y diviértete. Ríe y disfruta la travesía. Porque solo tenemos un solo billete de ida con fecha de caducidad incierta, personal e intransferible. Es por ello que cuando sientas que el día, el momento y las señales son precisas, no te pongas a pensar en si merece la pena o no. Lánzate a ese viaje en tren fascinante. Nada importa si al final del camino el destino sea verte, divina muerte.





lunes, 26 de marzo de 2018

Lo que no decimos

Lo que no decimos se nos acumula en el cuerpo, se convierte en insomnio, en nudos en la garganta, en nostalgia, en error, en duda, en tristeza. Lo que no decimos no se muere, lo que no decimos nos mata. No se puede renunciar a aquello en lo que no dejas de pensar todos los días.
Hablar es la sangre del alma por donde los pensamientos fluyen dentro y fuera según vamos creciendo. Los pensamientos son energía, la energía es corriente por lo tanto, nunca desaparece.

Cuando logras vencer el miedo, el tiempo de tu búsqueda puede ser tan interesante como el momento del encuentro. Si bien es cierto que no podemos elegir nuestras circunstancias externas, pero siempre podemos elegir cómo responder frente a ellas. En cada recodo de la memoria emocional está grabado el más elemental de los suspiros. Nuestros miedos no evitan la muerte, frenan la vida.
Las decisiones son solamente el comienzo de algo. Cuando alguien toma una decisión, se zambulle en una poderosa corriente que lo lleva hasta un lugar que jamás hubiera imaginado en el momento de decidirse. Si dejas de dar, renuncias a vivir.

La rigidez te seca por dentro, la flexibilidad multiplica las oportunidades de una existencia mejor. Una es muerte, la otra es vida. Pasamos mucho tiempo ganándonos la vida, pero no el suficiente tiempo viviendo.



viernes, 9 de marzo de 2018

Tiempo de espera






Dicen que el tiempo lo cura todo. ¿Cura? O simplemente nos resignamos a aceptar lo que ya no podemos cambiar. Tiempo para curar, cicatrizar, pasar página, aunque la cicatriz permanece como un recordatorio indeleble. Aunque debemos mantener la premisa de que el futuro depende de un pasado cicatrizado y un presente bien vivido. O al menos eso nos han hecho creer.

Hay situaciones que nos llegan a bloquear, a paralizar. Sentimos como si estuviésemos enganchados a un gran ancla que tira sin compasión ni tregua, manteniendo una lucha constante en su afán por engullirnos a un fondo negro. La incertidumbre es una flor, cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar. Y cuando permitimos que la incertidumbre se convierta en la protagonista y compañera de ruta no habrá GPS capaz de hacernos llegar a buen puerto. Dando paso al mal carácter, coprotagonista de este largometraje, que casi siempre nos mete en líos. El orgullo es lo que nos mantiene en ellos. Muchas personas no dicen lo que piensan, y otros ni siquiera sienten lo que dicen, entrando en un bucle. Y nos podemos pasar toda una vida así, pensando que piensan los demás y olvidándonos de vivir y ser felices con los elementos y herramientas que tenemos. A menudo actuamos bajo la influencia del miedo y la desconfianza en lugar de dejarnos guiar por ese amor que con frecuencia reprimimos.

La felicidad se consigue domesticando la mente; sin domesticar la mente no es posible ser feliz. Todos los buenos recuerdos y las experiencias gratificantes que llevas contigo pueden ofrecerte consuelo en los momentos difíciles o cuando te sientas solo. ¡Agárrate fuerte! Te echo de menos.