sábado, 29 de julio de 2017

Huellas

Aceptamos que cada suceso o persona que conocemos es esencial, cumple un ciclo y estaba destinado en algún momento a aparecer y desaparecer de nuestra hoja de ruta. Es una lástima que en algunos casos vengan con fecha de caducidad como los yogures.

Y muchas veces nos ponemos a pensar. Si fueron tan especiales, tan vitales, nos regalaron momentos únicos e irrepetibles. ¿Por qué desaparecen? ¿Por qué es ley de vida? ¿Por qué, todo tiene un principio y un fin?  Me refiero a los sentimientos. Hay días en los que soy más racional, le pongo cinta de empaque a mi corazón para que se quede quieto y poder convencerme de que "será mejor", eso dicen "todos".  Sigo creyendo que cuando alguien ha sido importante en tu vida, se trate de un buen amigo,  un amor,  un amante. Es un poco presuntuoso y alocado lo de "pasar página". ¿No? Si han sido recuerdos y vivencias buenas, ¿Por qué borrarlas de un plumazo?  ¿Por qué enterrarlas bajo tierra? Y aquí paz y después gloria.  ¿Por qué conformarnos con el tan escuchado "Estaría de Dios"? Y es cuando el corazón se revela, se arranca la cinta  adhesiva directamente quiere ser escuchado.

Alimentarse de recuerdos, para algunos sonará algo "cursi".  Pero a veces es necesario. Leí hace poco que no echamos de menos los lugares, que lo que echamos de menos es la época y lo que vivimos en esos lugares. ¿Quien no ha soñado en algún momento de su transitar con la idea de llegar al ocaso de la vida junto al amor de su vida? Poder ver reflejada en  cada arruga del otro la historia de los momentos vividos y compartidos. Porque el amor no es una competencia para que cada uno supere la fuerza del otro, sino una cooperación que necesita de esas diferencias.  Todavía pienso que existe el amor de verdad, aunque una gran mayoría opinará que el amor tiene un principio y un final. ¿No es extraño pensar en lo mucho que sabríamos si nos interrogáramos a nosotros mismos en lugar de hacer preguntas a otros?

Descubrí que lo que da alegría a la vida no es ser querido y admirado por otras personas. La alegría proviene del hecho que yo mismo pueda amar y admirar cualquier cosa que me parezca especial, buena y bella, en mi cielo, en mis amigos, en mis amores, en los seres vivos que comparten su existencia conmigo, en el contacto con mi esencia y su alma. Gracias  por cada uno de los momentos especiales compartidos, por todas las risas, por cada minuto de complicidad, por cada abrazo, por cada caricia, por cada beso, por tanta felicidad. Son difíciles de olvidar.

Somos el puente hacia el infinito, arqueado sobre el mar, buscando aventuras para nuestro placer, viviendo misterios, eligiendo desastres, triunfos, desafíos, apuestas imposibles, sometiéndonos a prueba una y otra vez, aprendiendo el amor.





sábado, 15 de julio de 2017

Una compañera llamada Soledad

Hay soledad que hechiza, que  atrapa, que  enreda... que te lleva. Que te embulle cual remolino y que nos hace girar y hasta perder el sentido. Luego de la resaca, te das cuenta que en el fondo no era el lobo tan malo como lo pintan. Y es que hay soledades del alma, soledades que curan, y soledades que asustan. Es esta última; la que muchos temen y que no quieren ni mencionar. En algunos "círculos sociales" hasta resultaría incómodo pronunciarla. Pues sí, es ella. Hace un momento charlando con un querido amigo, me comentaba que: "Pascal decía que el gran problema del ser humano era su incapacidad de quedarse solo y tranquilo en una habitación".

¿De donde nace ese miedo a encontrarnos con nosotros mismos? De conocernos, de darnos esa oportunidad. Es verdad que el hombre es un ser social, no se trata de aislarnos y meternos en una gruta. Se trata de conocernos, querernos, y no tener miedo a compartir momentos a solas, que pueden llegar a ser liberadores y en algunos casos beneficiosos para el equilibrio de nuestra salud mental y física. Poner en orden ideas y pensamientos, lo que queremos, lo que no queremos, hacía donde vamos y hacía donde no queremos ir.

Relaciones que no  terminan por ese miedo a: ¿Qué va ser de mi?, no voy a soportar estár solo. ¿Qué es lo que no vas a soportar? Date la oportunidad de presentarte, de amarte y valorarte. Libertad y felicidad  ambas están dentro de ti. La libertad es la esencia misma de nuestro ser, todo aquello que impida esa libertad debe ser evitado.  El "estar solos", muchas veces es relativo. ¿Cuantas veces nos hemos sentido solos estando acompañados? 

Y como decía Espronceda: "En un mundo atiborrado de distracciones es difícil encontrar personas con clara razón".  Si buscas seguridad antes que felicidad, la segunda será el precio que tendrás que pagar por la primera.




miércoles, 12 de julio de 2017

Una mattina

He elegido el título de este post, escuchando a Ludovico Einadi con su fascinante "Una mattina". Y es así, una mañana al despertar descubres que no todo es tan trágico como se veía ayer. Que la vida sigue para ti y para todo ser viviente que hay a tu alrededor y en los confines del planeta. Y que toda esa ansiedad, esos nervios, ese mal humor, quizás... ¿Para qué sirvió? ¿Para qué sirve? Simplemente sirve para desaprovechar momentos, instantes, que ya no volverán. Un día menos en nuestra hoja de vida. ¿Ves como no pasó nada? Aquí estamos, más fuertes que ayer, menos que mañana. A enfrentarnos con determinación, seguridad y valor. Sí, mucho valor. Porque aunque a veces no lo creamos, el valor que demostramos día tras día, esquivando cada obstáculo,   evitando algunas grietas que se abren en nuestro caminar. Yo me  atrevería a decir aunque suene algo presuntuoso que  he logrado pasar en algunos casos a "nivel experto", pero no por ello hay que bajar la guardia.

Y es que una mañana,vas y te das cuenta que para ser feliz no se necesita tanto. La felicidad viene en talla única. Se amolda a todos los tipos. Depende de ti, que quieras entrar en ella, ponértela cada mañana y sentirte pleno. A ver, hay días y siendo realistas en los que por más que queramos meternos en esta "talla única", la cremallera no termina de subir. Pero, yo no sé; si te ha sucedido lo mismo que a mi muchas veces. Que estás a punto de mandarla a rodar,"a la felicidad", porque simplemente "no estás para fiestas" ¡No cabe y punto! y ¡Zas! al lado tuyo, ves como con más dificultades, dolores y sudores de todos los colores van y logran subir esa cremallera aunque se atasque y duela pero lucen su mejor versión. Hace unos días leía un post de una buena amiga y compañera de la secundaria y decía: "¡Estoy en el mejor momento de mi vida! Bendecida". Actualmente , está sometida a un duro tratamiento para curarse de una difícil enfermedad. Pero estoy convencida que con su actitud, su fuerza, y su eterna sonrisa que no ha dejado de lucir nunca, lo va a conseguir.  O también escuchar: "Estar en el paro me ha servido para compartir más tiempo con mi familia y comprender la problemática real de todo un país y ser verdaderos supervivientes", y cuando digo "real", no me refiero a que la báscula nos marca un kilo de más, o la laca de uñas no es la adecuada, o mejor aún: "¡Dios, no me he podido ir a las rebajas todavía!". Vaya problemón,  ¿No?

Y es entonces, cuando nos sentimos microscópicos, cual ameba y pensamos en que no hemos sido capaces de hacer el intento y meternos en ese traje de talla única, llamado felicidad. Dos, tres, las veces que sean necesarias y olvidarnos que un fracaso no es sino otra oportunidad para volver a intentarlo. Y que recordemos que algunos de los cambios que sobrevendrán significarán bendiciones para nosotros. Tal vez, otros pueden convertirse en desastres que intentarán destruirnos. Pero desde luego, no hay un desastre que no pueda transformarse en bendición, así como tampoco, bendición que no pueda convertirse en un desastre. He aprendido por propia experiencia que ambas posibilidades existen. Aún así la buena noticia es que siempre hay una razón para vivir, soñar y experimentar todo lo que albergamos dentro dejando fluir nuestra propia esencia de vida. ¿Te atreves?



domingo, 9 de julio de 2017

Aprendí

Llega un día en el que aprendes que la vida es mucho más que comer, luchar o alcanzar poder o "fama".  Cada día recogemos lo que hemos aprendido hasta el momento y dejamos lo conocido atrás. Esa triste separación no es agradable, pero en algún íntimo lugar debemos saber difusamente, que decir adiós a lo seguro brinda la única seguridad que jamás conoceremos.

Con el tiempo fui cambiando, aceptando y aprendiendo. Ya no discuto. Solo escucho consejos y opiniones de la gente que considero "mi gente", la que está y ha estado siempre. ¡Gracias!  Si alguien se quiere ir de mi vida, no la detengo. El amor y el cariño, son sentimientos que no podemos forzar ni obligar  a sentirlos ni a que los sientan por nosotros.  Si me fallan, solo me alejo. Aprendí  que lo que me incomoda, se evita. Lo que se va, es porque no hace falta y que donde la ignorancia 
habla, la inteligencia calla. Se vive mejor y más tranquilo. 

Aprendí a valorar la ternura de un amor, la compañía de mis amigos,  a reírme con ganas antes de irme a la cama. Aprendí a mantener dulcemente el recuerdo de los que marcharon al encuentro del Señor, aceptando su divina voluntad. Aprendí que nada es eterno, las caricias, los besos, las relaciones. Que todo tiene un principio y un fin. Esto último debo reconocer que ha sido la asignatura más difícil y que todavía de vez en cuando intenta sabotearme. Porque me resistía a aceptarlo. Pero por otra parte aprendí a ver, porque muchas veces "miramos" que no es lo mismo.  A contemplar cada día como un regalo, el sol, el cielo, el canto de los pájaros, el  festivo traje verde de los árboles en verano a través de mi ventana y la desnudez de los mismos en invierno; mostrando sin prejuicios su elegante y estilizada silueta. La luna y sus misterios, un cielo estrellado y así dando por finalizado mi día de regalos.

Aprendí a tener serenidad para sobrellevar el dolor, el del alma y el  físico. Y por supuesto a ser feliz y a expresarlo libremente  disfrutando de todo lo bueno. Aprendí a echar de menos a los que tengan que irse porque tuve la gran suerte de haberlos tenido y que en algún momento formaron parte de mi vida también. No quiero dejar nunca de sorprenderme, porque hay mucho que descubrir todavía, llorar las veces que hagan falta por algo que lo merezca. 

Eso es aprender, después de todo. No es el hecho de perder el juego sino cómo lo perdemos, cómo nos cambia el perder, qué obtenemos de eso que no tuviéramos antes, para así aplicarlo a otras partidas. Perder, de algún modo extraño, es ganar.



lunes, 3 de julio de 2017

A ti, pequeña Minerva




 Mi compañera, mi amiga.Mi alma entera parece desnuda ante esos grandes ojos marrones y vuelvo a ser una niña junto a tu frente arrugada, transportándome sin darme cuenta hacia mis sentimientos más puros. Te ganaste inmediatamente mi corazón y me conoces a la perfección. Nos entendemos como  "cómplices amigas", como en un mágico y raro encuentro. Todos estos años juntas han sido un mágico regalo que la vida quiso darme.  ¡Gracias, pequeña!

Gracias, por tanto. Por sacar lo mejor de mi. Por enseñarme a disfrutar de los pequeños placeres que nos brinda la vida. Por enseñarme tu mundo, por entenderlo, por esa sabiduría que a veces pienso que si muchas personas tuvieran la oportunidad de entenderla serían felices.
Mi mayor alegría, tenerte conmigo a mi lado al final del día. Que por muy duro y difícil que haya sido, cambia con solo abrir la puerta y verte ladrando de alegría como la que más, con tus giros y tan feliz por verme. 

Hoy me has dado un susto, pequeña... Sé que es ley de vida que en algún momento nos separemos. ¿Puedo pedirte un favor? Quédate un poquito más a mi lado. ¿Si? Te quiero mucho.