sábado, 31 de marzo de 2018

Nuestro tren



¿Te animas a subirte al tren y conducirlo hasta que te apetezca parar? Que no quede parada, estación, rumbo del que te quedes con las ganas de conocer y adentrarse. Más vale quedarse con exceso de kilómetros en tu pasaporte de vida, más  no quedarte con esa sensación de no haberlo intentado. 

Habrás podido comprobar en muchas ocasiones que cuanto más planificamos algo y más nos empeñamos por hacerlo bien, por y para impresionar/nos, no siempre alcanzamos el nivel de expectativas esperado. Sin embargo, cuando emprendemos la aventura con ese pellizco en el estómago, con el vértigo de no saber a qué nos enfrentamos, el resultado como poco es mágico y nos queda esa sensación tan placentera y deseando poner en marcha el tren.

El viaje emprendido debe ser ansiado, con deseo y pasión. Jamás hacerlo por quedar bien con alguien, o por imposición. A lo largo de todos estos años he comprobado que en la vida aunque haya normas y protocolos varios, al final de nuestros días, nadie nos va a pedir cuentas por ello y tampoco nos van a juzgar por no haberlas “cumplido”. Por eso debes guiarte por los impulsos de tu corazón, por la intuición, con algo de razón en ciertos casos… pero no en todos. Dale al motor, que el aire te despeine y diviértete. Ríe y disfruta la travesía. Porque solo tenemos un solo billete de ida con fecha de caducidad incierta, personal e intransferible. Es por ello que cuando sientas que el día, el momento y las señales son precisas, no te pongas a pensar en si merece la pena o no. Lánzate a ese viaje en tren fascinante. Nada importa si al final del camino el destino sea verte, divina muerte.





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