viernes, 12 de octubre de 2018

Hasta pronto Minerva






Llegaste a mi vida de manera casual, una cálida mañana de invierno, tímidamente y así te marchaste en una soleada mañana de otoño 13 años después, de igual forma. Sigilosamente en paz, en mi regazo. Nos faltaron muchas cosas por hacer, mi pequeña Minerva.

Era consciente que iba a llegar el momento de tu partida, pero nunca es suficiente cuando se tiene la dicha de poder haber disfrutado cada día a tu lado. Gracias por ser mi cómplice en todo. La mejor compañera, la que siempre estuvo en todos los momentos cruciales, la que jamás me abandonó. Pusiste tu vida en mis manos, gracias por tanta fidelidad. Gracias por enseñarme que la “lealtad” existe. De ti aprendí, que cuando alguien tiene un mal día, basta tan solo con sentarse a su lado y escucharle. Tu me llegaste a conocer mejor que nadie. Te llevas mis secretos, mis amores y pasiones, te llevas una parte de mi que va ser difícil recuperar, mi esencia.  Porque eres irreemplazable, gordita mía. Te prometo seguir adelante, sentirte en cada rayo de sol por la mañana, en cada atardecer, en cada estrella, en la brisa con olor a romero y a lavanda. Recordaré siempre los buenos momentos que compartimos, nuestras muestras de cariño, nuestros juegos.  Pero dame tiempo para poder asimilar que físicamente ya no estarás a mi lado.Todavía me desvelo por la noche, como cuando me pedías que te llevase a beber agua. El silencio es enorme, tanto que duele. 

Las almas que se encuentran y se reconocen nunca se sueltan, ni con la distancia, ni con el silencio. Descansa en paz, pequeña Minerva. Corre libremente hacia el  gran arco iris donde Boris te espera para darte la bienvenida. Por siempre en mi corazón y en mi alma. Eternamente tuya.






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