domingo, 9 de julio de 2017

Aprendí

Llega un día en el que aprendes que la vida es mucho más que comer, luchar o alcanzar poder o "fama".  Cada día recogemos lo que hemos aprendido hasta el momento y dejamos lo conocido atrás. Esa triste separación no es agradable, pero en algún íntimo lugar debemos saber difusamente, que decir adiós a lo seguro brinda la única seguridad que jamás conoceremos.

Con el tiempo fui cambiando, aceptando y aprendiendo. Ya no discuto. Solo escucho consejos y opiniones de la gente que considero "mi gente", la que está y ha estado siempre. ¡Gracias!  Si alguien se quiere ir de mi vida, no la detengo. El amor y el cariño, son sentimientos que no podemos forzar ni obligar  a sentirlos ni a que los sientan por nosotros.  Si me fallan, solo me alejo. Aprendí  que lo que me incomoda, se evita. Lo que se va, es porque no hace falta y que donde la ignorancia 
habla, la inteligencia calla. Se vive mejor y más tranquilo. 

Aprendí a valorar la ternura de un amor, la compañía de mis amigos,  a reírme con ganas antes de irme a la cama. Aprendí a mantener dulcemente el recuerdo de los que marcharon al encuentro del Señor, aceptando su divina voluntad. Aprendí que nada es eterno, las caricias, los besos, las relaciones. Que todo tiene un principio y un fin. Esto último debo reconocer que ha sido la asignatura más difícil y que todavía de vez en cuando intenta sabotearme. Porque me resistía a aceptarlo. Pero por otra parte aprendí a ver, porque muchas veces "miramos" que no es lo mismo.  A contemplar cada día como un regalo, el sol, el cielo, el canto de los pájaros, el  festivo traje verde de los árboles en verano a través de mi ventana y la desnudez de los mismos en invierno; mostrando sin prejuicios su elegante y estilizada silueta. La luna y sus misterios, un cielo estrellado y así dando por finalizado mi día de regalos.

Aprendí a tener serenidad para sobrellevar el dolor, el del alma y el  físico. Y por supuesto a ser feliz y a expresarlo libremente  disfrutando de todo lo bueno. Aprendí a echar de menos a los que tengan que irse porque tuve la gran suerte de haberlos tenido y que en algún momento formaron parte de mi vida también. No quiero dejar nunca de sorprenderme, porque hay mucho que descubrir todavía, llorar las veces que hagan falta por algo que lo merezca. 

Eso es aprender, después de todo. No es el hecho de perder el juego sino cómo lo perdemos, cómo nos cambia el perder, qué obtenemos de eso que no tuviéramos antes, para así aplicarlo a otras partidas. Perder, de algún modo extraño, es ganar.



No hay comentarios:

Publicar un comentario