miércoles, 12 de julio de 2017

Una mattina

He elegido el título de este post, escuchando a Ludovico Einadi con su fascinante "Una mattina". Y es así, una mañana al despertar descubres que no todo es tan trágico como se veía ayer. Que la vida sigue para ti y para todo ser viviente que hay a tu alrededor y en los confines del planeta. Y que toda esa ansiedad, esos nervios, ese mal humor, quizás... ¿Para qué sirvió? ¿Para qué sirve? Simplemente sirve para desaprovechar momentos, instantes, que ya no volverán. Un día menos en nuestra hoja de vida. ¿Ves como no pasó nada? Aquí estamos, más fuertes que ayer, menos que mañana. A enfrentarnos con determinación, seguridad y valor. Sí, mucho valor. Porque aunque a veces no lo creamos, el valor que demostramos día tras día, esquivando cada obstáculo,   evitando algunas grietas que se abren en nuestro caminar. Yo me  atrevería a decir aunque suene algo presuntuoso que  he logrado pasar en algunos casos a "nivel experto", pero no por ello hay que bajar la guardia.

Y es que una mañana,vas y te das cuenta que para ser feliz no se necesita tanto. La felicidad viene en talla única. Se amolda a todos los tipos. Depende de ti, que quieras entrar en ella, ponértela cada mañana y sentirte pleno. A ver, hay días y siendo realistas en los que por más que queramos meternos en esta "talla única", la cremallera no termina de subir. Pero, yo no sé; si te ha sucedido lo mismo que a mi muchas veces. Que estás a punto de mandarla a rodar,"a la felicidad", porque simplemente "no estás para fiestas" ¡No cabe y punto! y ¡Zas! al lado tuyo, ves como con más dificultades, dolores y sudores de todos los colores van y logran subir esa cremallera aunque se atasque y duela pero lucen su mejor versión. Hace unos días leía un post de una buena amiga y compañera de la secundaria y decía: "¡Estoy en el mejor momento de mi vida! Bendecida". Actualmente , está sometida a un duro tratamiento para curarse de una difícil enfermedad. Pero estoy convencida que con su actitud, su fuerza, y su eterna sonrisa que no ha dejado de lucir nunca, lo va a conseguir.  O también escuchar: "Estar en el paro me ha servido para compartir más tiempo con mi familia y comprender la problemática real de todo un país y ser verdaderos supervivientes", y cuando digo "real", no me refiero a que la báscula nos marca un kilo de más, o la laca de uñas no es la adecuada, o mejor aún: "¡Dios, no me he podido ir a las rebajas todavía!". Vaya problemón,  ¿No?

Y es entonces, cuando nos sentimos microscópicos, cual ameba y pensamos en que no hemos sido capaces de hacer el intento y meternos en ese traje de talla única, llamado felicidad. Dos, tres, las veces que sean necesarias y olvidarnos que un fracaso no es sino otra oportunidad para volver a intentarlo. Y que recordemos que algunos de los cambios que sobrevendrán significarán bendiciones para nosotros. Tal vez, otros pueden convertirse en desastres que intentarán destruirnos. Pero desde luego, no hay un desastre que no pueda transformarse en bendición, así como tampoco, bendición que no pueda convertirse en un desastre. He aprendido por propia experiencia que ambas posibilidades existen. Aún así la buena noticia es que siempre hay una razón para vivir, soñar y experimentar todo lo que albergamos dentro dejando fluir nuestra propia esencia de vida. ¿Te atreves?



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